Gartner publica cada año su «Hype Cycle», una representación gráfica de la madurez de las tecnologías emergentes. La estructura es siempre la misma: punto de inflexión tecnológico, pico de expectativas exageradas, valle de la desilusión, pendiente de la iluminación y meseta de la productividad.
Es una simplificación. Pero refleja una realidad que la historia de la tecnología ha confirmado a lo largo de 60 años.
La curva no es nada nuevo para la IA
La IA no está viviendo su primer ciclo de expectación. Ya ha pasado por varios. Los años 60: primer optimismo, primeras promesas incumplidas, primer invierno. Los años 80: los sistemas expertos, el LISP, las inversiones masivas en Japón y, después, el colapso. Años 1990-2000: Internet acapara el protagonismo, la IA vuelve a ser un tema académico.
Cada ciclo tiene sus propias características: una tecnología impulsora, promesas de aplicaciones transformadoras, inversiones masivas y, posteriormente, un enfrentamiento con las limitaciones reales.
Lo que cambia esta vez es que hay una cantidad incomparablemente mayor de datos, el coste de los cálculos es incomparablemente menor y los resultados medibles son muy reales en determinadas tareas. Es probable que el punto más bajo del ciclo de expectación actual no sea tan profundo como en ocasiones anteriores. Pero la cima es vertiginosa.
Cómo leer la posición actual de la IA
En 2025, los distintos segmentos de la IA se encuentran en diferentes puntos de la curva. Es probable que los modelos de lenguaje grande (LLM) destinados al público general sigan en la fase descendente tras alcanzar su punto álgido, con una revisión a la baja de las expectativas en las empresas que han puesto en marcha proyectos sin un retorno de la inversión claro. La visión artificial industrial se encuentra en la meseta de productividad desde hace años. Los agentes autónomos probablemente se encuentren en el pico de expectativas.
Identificar en qué punto de la curva se encuentra tu tecnología objetivo te ayuda a calcular el momento adecuado para invertir. Invertir en una tecnología que se encuentra en la fase de desilusión, con un caso de uso validado, suele ser el mejor momento. Invertir en el punto álgido de las expectativas en un caso de uso sin demostrar es la mejor manera de contribuir a un proyecto que se cancelará 18 meses después.
Las señales del punto álgido del bombo publicitario
¿Cómo saber que estás cerca de la cima? Algunas señales fiables:
Un consenso mediático casi unánime (los artículos contradictorios son cada vez menos). Comparaciones con transformaciones civilizatorias del pasado («como la electricidad», «como Internet»). Recaudaciones de fondos con valoraciones desproporcionadas respecto a los ingresos. Una presión social para adoptarlo so pena de quedarse «atrasado». Promesas sobre casos de uso que nadie ha validado aún en la práctica.
Estas señales no significan que la tecnología no valga nada. Significan que las expectativas han superado los resultados demostrados. La tecnología puede ser real y útil, y aun así las valoraciones actuales pueden ser irracionales.
«90 % marketing, 10 % realidad.»
Cómo evitar comprar en el punto más alto
Una regla práctica para un directivo: distinguir entre la inversión en competencias y la inversión en la implementación.
Invertir en la capacitación (formar a sus equipos, realizar pruebas con casos internos no críticos, comprender los mecanismos) es una decisión sensata en cualquier fase del ciclo. El coste es reducido y el beneficio, duradero.
Invertir en una implementación a gran escala basada en un caso de uso sin demostrar en tu sector, con un proveedor que se basa más en el bombo publicitario que en resultados medibles, es una apuesta arriesgada. Puede salir bien. Pero también puede dejarte con un proyecto cancelado y una deuda.
La pregunta que hay que hacerle a cualquier proveedor: «Deme tres clientes de mi sector, con sus casos de uso y sus métricas». Si la respuesta es imprecisa o te remite a comparativas genéricas, ahí tienes la respuesta sobre su madurez real.